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Por Juanan Urkijo
«Siempre me ha cautivado extraordinariamente el vértigo, porque la sensación me que produce es única e inigualable. Sobre esto, entresaqué de un libro de Kundera que “aquél que quiere permanentemente llegar más alto tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo... Y el vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.”
»Esta bellísima reflexión resume afinadamente lo que hoy pretendo explicarte, Miralles. Porque cuando he salido fuera de lo habitual, cuando he amado fuera de lo corriente —y deliberadamente me he expuesto y arriesgado—, he tenido la misma sensación que en cien tardes de los veranos de mi primera juventud, cuando recorría en Laredo los acantilados del Cantábrico: Allí me encaramaba a los riscos más extremos, frente a un verdísimo mar que encabritaba espumas, e irguiéndome, pletórico el pecho, con los brazos en cruz, me dejaba azotar por la brisa que a veces era viento, notaba mis pies corvados pero firmes... y tan sólo unos centímetros por delante sentía poderosa la atracción del vacío: el vértigo, su prodigioso y fascinante misterio. Y cerraba los ojos, respiraba lenta y hondamente hasta expandirme pleno, como en un ritual telúrico de iniciación a la vida, sabiéndome aislado del resto del universo... »Luego, sin que yo mismo fuera consciente de haberlo decidido, poco a poco me daba la vuelta. Mi corazón había latido furioso con cada embate del mar; algo tan simple y sin embargo tan intenso... Y era entonces cuando regresaba al mundo de lo posible, con la sonrisa íntima que me procuraba el reto de haberme acercado al abismo y sentido un instante de eternidad... para terminar defendiéndome del vacío y volviendo junto a los míos, a quienes apenas conocía y, con todo, también amaba. Y era asimismo entonces, Miralles, al mezclarme de nuevo con la gente, cuando sentía que el vértigo, instalado aún en mi joven pecho, había repasado conmigo una hermosísima y rotunda lección de vida.» En: Blog de Juanan Urkijo . Cartas a Miralles. Sobre el autor |