II Festival Virtual de Microcuentos Letras de Chile
Fecha Mircoles, 03 noviembre a las 10:37:02
Tema LETRAS DE CHILE


Tras el éxito de nuestro Primer Festival Virtual de Microcuentos

Tras el éxito de nuestro Primer Festival Virtual de Microcuentos, continuamos con más muestras de este nuevo género. Aprovechamos de recordarle a todos nuestros amigos que tendrán el día 10 de noviembre la posibilidad de escuchar microcuentos de boca de los propios autores en el ciclo de lecturas en La Reina.

A continuación, el Segundo Festival Virtual de Microcuentos Letras de Chile.



 

 

BRANNY CARDOCH  Z.

 

TANGO

Siempre decías que la vida es como un tango y hay que saberla bailar. Me gustaba oírtelo decir, pero más aún, ver cómo te deslizabas por la pista con esa gracia alada que no he vuelto a encontrar en otra mujer. Tenías fama de tanguera. En las fiestas no parabas de hacer arabescos en medio del salón. Pero cuando bailabas con él, la gente se detenía haciendo una rueda para admirarlos, entonces tú, sabiendo que eras la estrella de la noche, inventabas cadencias nuevas que nadie conocía. Yo era sólo un niño, pero me arrastraba entre las piernas de los invitados, quedando en primera fila, soñando con ser mayor para bailar contigo.

De tanto admirarte me convertí en un buen bailarín, y el día que pretendiste enseñarme, te asombré. Me sentí feliz, pero no quise decirte que durante años me habías dado lecciones.

¿Recuerdas cuando se casó Juan? Yo tenía quince años y tú me regalaste mi primer reloj. En la fiesta insististe para que bailara contigo. Lleno de vergüenza dejé que me arrastraras a la pista y desmañadamente seguí tus pasos. Lentamente me fui soltando hasta que vi en tu cara llena de risa que lo estaba haciendo bien.

Nunca dejaste de tanguear, incluso cuando cumpliste los ochenta y cinco no te pudiste contener, y en la misma forma que me hiciste bailar mi primer tango, preludiamos el último.

Mientras estoy sentado junto a tu cama, acariciando tu mano cansada, los recuerdos van llegando en avalancha, tal vez para paliar el dolor de tu partida. En voz baja le pedí a mi mujer que pusiera un tango, quería que te fueras bailando al encuentro de tus recuerdos perdidos.La voz de Gardel penetró en tu agonía, se suavizaron tus rasgos crispados por la muerte y te dejaste llevar a la pista que te habían  preparado en aquel sitio sin dolores ni tiempo, para colgarte del cuello de mi padre y reiniciar la dulce cadencia de tu vida.

Cuando Gardel enmudeció, tú ya no estabas.

 

Branny Cardoch ha escrito Cuerpos de Pecado (Novela); El Turco (Novela); La sonrisa de Gioconda (Novela); Para iniciar el camino (Cuentos); Cuentos Santacruzanos (Cuentos); Cuentos de Aquí y de Allá (Cuentos). Ha publicado en la antologías Escritores a la saga del cuento, 1997; Cuentos Rurales, 1998; Cuentos de Cine 2003 (Lom); Cuentos eróticos. Revista Caras, 2004.  En 1999 obtuvo el Primer Premio en el Concurso Gabriela Mistral; además ha sido finalista en otros importantes  concursos literarios. Actualmente participa en el taller de Poli Délano. Socio de la Corporación Letras de Chile.

 

 

SONIA CIENFUEGOS

 

PERVERSI?N OCULAR

Era medio ciega. Perversión ocular, diagnosticaría el oftalmólogo. Ella concluyó que había sido una bendición. Veía la mitad del universo y la mitad de la mirada del prójimo.

Por la vida fue medio viendo tanto dolor, tanto oprobio, tanta pobreza, tanta indignidad, tanta segregación, tanta opulencia, tanta injusticia, como arañas negras bajando sin parar frente a sus ojos, tantas lágrimas como piedras, que se quedó con la mitad amable del mundo.

No conoció entonces la envidia, el mal amor o el olvido.

Así fue como encontraron su cadáver en el río Mapocho hinchado por el agua con una mueca sonriente.

La leyenda dice que cuando le apuntaron aquellos hombres con sus metralletas frente a ese muro blanco, ella vio que se acercaban a abrazarla. 

 

EL PUEBLO UNIDO JAMÁS SERÁ VENCIDO

El Sol fue detenido, procesado, condenado a doscientos setenta y un días de prisión y encerrado en una  cárcel de alta seguridad del Hemisferio Norte. Le fue suficientemente comprobada su condición súdica y acreditados sus reiterados intentos por iluminar el fin del Confín del Mundo.

Los habitantes de Santiago de Chile, agrupados en comités Por la libertad del Sol, entidades sin fines de lucro ni exclusión etaria, de género o peso, raza, nacionalidad, minusvalía, egolatría, comuna originaria , forma de bajarse del transporte público; opción sexual, religiosa, política, de servicio militar,  felicidad, fidelidad y sus contrarios, usando el legítimo derecho a la Rebelión de los Pueblos consagrado por la Carta Fundamental de la ONU en 1945 y arriesgándose a una posible invasioncita misionera que restablecería la paz perdida a raíz de los delitos cometidos por el Sol ?? otrora Astro Rey para los arribeños del Mapamundi ?? acordaron por millones levantarse muy temprano en lo que antes fue el amanecer, mirando fijamente hacia la Cordillera de Los Andes, mientras oran en silencio cada cual a su manera, exigiendo que el Norte pronto lo libere y se haga de día.

 

MATERIALIDAD DE UN BALC?N

El balcón en volado del décimo piso de calle Carlos Antúnez es de fierro, hormigón, estuco, martelina y baldosa.

Escuchó esa noche al padre gritar a la madre, lo único que te queda es lanzarte al vacío, ¿qué esperas? Así lo exige el Honor.

El balcón de espalda a la madre imaginó que ésta titubeaba. Podía describir el hueco donde antes vivió su pundonor.

El balcón siente tiritar al hijito quien secándose las lágrimas anuncia, yo me iré tras ella.

El balcón continúa en volado en ese piso 10 y es de fierro, hormigón, estuco, martelina, baldosa y ausencia.

 

Sonia Cienfuegos, en sus propias palabras, "escribe canciones/cartas/cuentos cortos y medianos/discursos. No ha publicado, los lee en plazas públicas, patios familiares y en pequeños teatros". Actualmente participa en el taller de cuentos de Diego Muñoz Valenzuela.

 

   

LILIAN ELPHICK

 

DICHO Y HECHO

Me encontré con la  Muerte cara a cara.

Córrete, hija ??e puta, le grité.

Ella respondió con el lenguaje de los sordomudos.

Nunca supe lo que me dijo.

No volví a  verla.

Mi madre desapareció.

Un pingüino vino a picotear mi puerta.

 

MAS POLVO ENAMORADO

Soñé contigo, Pelá.

Soñé que te hacía polvo

y que tú me lo agradecías.

 

PEQUE?O DIÁLOGO

Muerte: Ven conmigo.

Vida: Ni muerta.

 

Lilian Elphick (Santiago, 1959) ha publicado los libros de cuentos La última canción de Maggie Alcázar, y  El otro afuera.  Su obra cuentística ha sido considerada en múltiples antologías aparecidas en Chile y el extranjero. Entre otros concursos, fue distinguida como finalista en El Premio Juan Rulfo (Francia). Se ha desempeñado como directora de talleres literarios y guionista de televisión. Preside la corporación cultural Letras de Chile.

 

 

LUIS LANDA

 

BICHOS RAROS

La rutina nos obliga a ciertas cosas extrañas. Tanto es así, que a veces hasta pasamos irresponsablemente por alto nuestras propias rarezas. Es el movimiento, diría yo, lo que nos mantiene medianamente conformes. Igual, pese a éste tránsito somnífero, seguimos siendo bichos raros. Ni siquiera vale la pena sonrojarse por ello. Observen el metro, especialmente si viajan solos, y no podrán negarlo. Hoy, yo mismo comencé a sentirme un poco raro también, quizá por que terminé muy temprano la pega y de Diez de Julio a mi casa caminé pensando sólo en esto. Al llegar, ya me sentía como un insecto. 

 

EL PRIMOG?NITO

Don Alfonso Gregorio Amunátegui Del Canto es un hombre de muchos bienes y como todo buen hacendero está enamorado de sus fincas, de sus viñas, de sus mujeres.

Sólo algunos de sus hijos lo han visto de frente  a la cara y varios de ellos ni siquiera se sospechan aún como tales. ?ste joven, que a trote alcanzó el galopante caballo de su padre, sí que sabía. De hecho, estaba recién enterado. 

- ¿Cómo es posible que un hijo de su merced se encuentre en esta ruina en la que me hallo?- le preguntó una vez que Don Alfonso Gregorio hubo detenido el animal. ?l lo miró sin rabia, creía reconocerle, aunque no estaba seguro. 

- Tú, hijo, así como yo, una vez fuiste también un hombre completo, al menos en el día en que naciste. Ha sido culpa de los salvajes que te criaron el que te encuentres ahora en éste estado.

- ¿Y volveré algún día a ser un hombre completo? ¿Así como usted? ¿Es eso posible, padre?

No, no lo creo, hijo.

 

Luis Landa  nació en Santiago de Chile en 1979. Es egresado de Historia en la Universidad de Chile. Prepara su tesis de grado titulada ?Crónicas del Chile actual?. Ha asistido al taller de Cuento de Lilian Elphick en la Corporación Letras de Chile. Actualmente participa en el taller de narrativa de Jaime Collyer.

 

 

DAVID ESPINOZA MEDINA

 

NEGOCIO FRUSTRADO

Mis zapatos comentaban con las pantuflas lo cansados que terminaban luego de acompañarme por eternos pasillos, crueles escaleras y polvorientos pasajes. Ellas, con ternura maternal le propusieron un cambio. Como verdaderos caballeros ellos aceptaron.

Ajeno a todo, esa mañana me calcé los zapatos.

Las tristes pantuflas, jamás volvieron a confiar en calzado alguno.

 

DESAMPARO

Acurrucado en la escalinata de la estación Universidad de Chile, soñaba que era un apuesto príncipe que cabalgaba en una mariposa  para ir al rescate de su amada, prisionera en el aroma de un jazmín

De pronto, un perfume de rosa provocó su despertar. Era la fragancia que usaba la oficial de la tercera comisaría de menores que le tironeaba los harapos. 

 

CIRUGÍA

Una hermosa pelirroja ingresa a la clínica. Al personal masculino lo ataca el deseo. Al femenino la ira y envidia. Treinta días estuvo internada.

Una liposucción, levantamiento de nalgas y senos de silicona.

El resultado, una mujer doblemente bella y el triple deseable. La factura fue de seis millones.

La mañana del alta la esperaban su madre y hermana. Salió fina y altanera, alzó la mano en señal de saludo y corrió hacia ellas.

Al camión asesino tampoco lo vimos, dirían entre sollozos.

 

David Espinoza Medina nace en Santiago. Ha asistido a los talleres literarios de Pía Barros, Osvaldo Ulloa (Poesía) y Ricardo Rojas Behm (Poesía).

En 1993 publicó la antología de cuentos Cinco narradores en busca de la Diosa. Plasma sus relatos en la revista Compromiso y en la revista cultural El Atelier. Miembro del círculo literario del Instituto Bech. Obtiene menciones  honrosas  en el concurso nacional de cuento de la Sofofa y en el concurso de la Dirección del Trabajo. En el concurso nacional de cuentos del Banco Estado gana un tercer lugar. El año 2002 publica la antología de cuentos Balance de Letras. Actualmente participa en el Taller Mapocho, dirigido por Roberto Rivera V.

 

 

DIEGO MU?OZ GONZÁLEZ

 

ZAPPING

Una película calentona, unos monos animados, un cadáver en un sofá, un programa de concursos en italiano, un videoclip de una canción que le carga, una carta de ajuste, un programa médico, el cadáver ladea la cabeza, otra película calentona, una sesión del senado, monos animados japoneses, otro videoclip, el cadáver se mueve, un partido de fútbol, una película de terror, otra carta de ajuste, el cadáver reacciona, la señal toda en negro que le devuelve el reflejo, sentado en el sofá, con el control remoto en la mano inerte, el cadáver apaga la tele y se va a dormir. 

 

BARBA

Se afeitó y partió al trabajo, pero por error su reflejo olvidó quitarse la barba. Lo reprendieron por su aspecto zarrapastroso y él se sintió ofendido y desorientado. Relató a todo el que quiso escucharlo sobre su afeitada matutina, y sólo consiguió que se rieran de él. Lamentablemente la barba no fue lo único que olvidó su reflejo. Hoy está en un manicomio, para que ni él ni su reflejo olvidadizo nos hagan daño a nosotros, los de reflejos más comedidos.

 

NIEBLA

Me mira tras su niebla sin moverse. Me sabe perdedor y no lo engaño. No quiero mirarlo, pero él no se mueve. Es mucha la vergüenza, con la niebla y todo. Me odia, y con razón. Estira una mano, limpia el vapor del espejo y yo ya no tengo dónde esconderme

 

Diego Muñoz González (1977) es Licenciado en Literatura y Lengua Inglesas de la Universidad Católica. Ha realizado varios talleres literarios, incluidos el taller de guiones dramáticos de Fernando Aragón, el taller de dramaturgia de Benjamín Galemiri y el taller de cuentos de Diego Muñoz Valenzuela. Actualmente trabaja en la corporación Letras de Chile.

 

 

MARGARITA NIEMEYER

 

LA TRAVESÍA

Morena y baja. Sumisa. Apenas un relámpago en los ojos cuando se le tiró encima desde el mismo caballo. Que los otros recogieran víveres, el tenía más hambre de mujer que de comida. Y siempre habría algo después en la ruca, cuando sus tripas pegadas le avisaran la razón por la que estaba allí.

Ahora, satisfecho, podía regodearse con los senos oscuros, con esa carne generosa que se le entregaba para montarla una y otra vez en medio de oleadas de olor a hembra que le sacarían por fin de las narices el hedor de los muertos y borrarían con sus gemidos el alarido de los buitres que los habían acompañado en horrendo cortejo a lo largo de ese camino interminable.

Apoderarse de Chili- mientras penetraba nuevamente a la mujer. Volver a Sierra Brava, yo, Juan González; volver rico y joven, hacerme de las tierras que son  mías, buscar una mujer digna de mí, una heredad, vivir. El no era como el Tuerto, que con todo lo admirable que era como jefe, estaba condenado a permanecer para siempre en esas tierras inhóspitas, juntando la riqueza de la Nueva Toledo para un hijo mestizo porque el manchego no era nadie en la Patria, apenas si un indiano más, iletrado e ilegítimo, incapaz de lucir otro apellido que el de su tierra de origen.

A mí no me pasará así- mordiendo ferozmente las nalgas firmes, apretando los brazos tostados y fuertes, buscando, buscándola en un dolor insaciable, buscando también ese oro esquivo que corría en dichos de boca en boca, pero que no quería aparecer para que él cumpliera sus sueños y pudiera cargar un barco que lo llevara a España, antes que la locura exuberante de esta tierra nueva lo agarrara a él también y lo transformara en otro Almagro, buscando siempre más y siempre más allá del horizonte.

Para Juan González era la primera aventura. Y la última- gritó a la india en un: ¡Dime Juan! ¡Dime Juan! desesperado, porque hacía meses que no oía su nombre en garganta de mujer.; asustándola en el forcejeo feroz del dónde está el oro, porque a ratos parecía que nunca llegarían, porque tú no entiendes mi idioma ni puedes pronunciar mi nombre, porque yo no entiendo tampoco tu cara impávida, porque ahora cuando te deje, desgraciada, tendremos que subir nuevamente la quebrada hacia el desierto y seguir y seguir.

 

Margarita Niemeyer nació en Santiago, Chile. Es Licenciada en Literatura en la Universidad de Chile (1986). Su tesis de licenciatura obtuvo el premio Gabriela Mistral otorgado por el Instituto Chileno-Argentino (1989). Durante 1984 y 1985 participó en el taller dirigido por José Donoso. En 1991 publicó el libro de cuentos ??Mujer frente al espejo y otros límites?. Actualmente dirige talleres de creación y lectura, y dicta clases en la Universidad Andrés Bello.

 

 

CECILIA PALMA

 

SUE?O

Cerró sus ojos. Soñó que iba manejando su cacharra por la carretera. Sin saber por qué el vehículo cayó suspendido, suave como una pluma sacudiéndose al arbitrio del viento. Nada que hacer. Cerró los ojos.

 

CIBER AMISTAD

Se escribían a diario. A través de los meses su amistad fue creciendo; cada vez que recibía carta suya, a la pantalla le crecían tallos.  Cuando la mesa era toda una raíz sonó el timbre de su casa. Ella se negó a abrir la puerta.

 

DECISI?N

Ella sonríe. Al borde de sus pupilas tambalean un par de lágrimas, pero sonríe. Acaso comprender que es cuestión de minutos la tranquiliza. Arregla con gestos exagerados el borde de la falda y el inicio del escote; entonces delinea sus labios del rojo más rojo que tiene y se lanza cuesta abajo con dignidad.

 

Miembro de la Sociedad de Escritores de Chile. Ha publicado A pesar del azul (1992), Asirme de tus hombros (2002) y ha obtenido lugares en las antologías del concurso poesía ??fuga poética? (tercer lugar, 1984), del concurso cuento corto ??Umbral, Promesa? (cuarto lugar, 1985) y el concurso de Radioteatro infantil Mineduc (primer lugar, 1993). Beca Fondo Nacional del Libro y la Lectura, proyecto ??Crea para ti?, 1995.

 

 

LILIANA PUALUAN

 

DO?A SABA?ONA

Si el origen de su nombre fuera el de una reina, tal vez doña Sabañona lo llevaría con  orgullo;  si fuera la mitad del nombre de un día de la semana, tendría su encanto y su misterio;  pero el origen era un mal que la aquejaba a ella y a su familia.  Su apellido comenzó y así ocurría con muchos de los de  Pueblo, como un mote escolar.  El enrojeci­miento y la hinchazón de manos y pies era el indicador de que el frío más frío entraba en sus cuerpos y se posesiona­ba como un demonio de él, especialmente de  los dedos de las manos y de los pies.

- ¡Llegó la señal de su presencia! -dijo la hija de doña Sabañona, rascándose desesperada la mano izquierda y la derecha, alternativamente.

- ¡Sí! --dijo mamá Sabañona, rascándose los dedos de los pies, y comenzó a buscar en los armarios los zapatos y guantes de mayor tamaño que para ese período usaban ella y su familia.

- ¡Uy! --dijo el más pequeño, rascándose la oreja.

- ¡Uf! - dijo otro de los Sabañona, moviendo los dedos de los pies, al recibir los zapatos grandes que mamá Sabañona repartía entre sus hijos.

- ¡Parece que un demonio habita en nuestros cuerpos!     -dijo la hija mayor, como haciendo una reflexión inteli­gente.

- ¡Sí! ¡Sí! - dijeron los más pequeños sonriendo y algo asustados.

- ¡Es un frío de los demonios! --dijo mamá Sabañona.

- ¡Un demonio frío! - agregó uno de los pequeños.

- ¿Listos? - preguntó la hija mayor.

- ¡Sí! ¡Sí! - respondió en coro la inmensa familia.

- ¡Vamos! - dijo la mayor.

Todos la siguieron en fila.

- ¡Acuérdense de la pelota de nieve! --advirtió mamá Sabañona al verles salir.

Luego de caminar un rato, guardaron los guantes grandes en el bolsillo, y cada uno recogió nieve e hizo una pelota para calentarse las manos.

- ¡Quema! --dijo la más pequeña.

- ¡Arde! --continuó.

- ¡Parece fuego! - dijo otro.

Les costaba entender que la nieve les quemara las manos, y que el frío, al penetrar en sus cuerpos, les produjera calor y picazón.

- ¡La oración ayuda! - les había dicho el cura de Pueblo en el sermón dominical, al verlos rascarse, incómodos y desesperados.

La familia Sabañona sabía que el mal que sufrían sólo   se retiraba con el frío más frío; entonces descan­saban sus cuerpos, y sanaban.

¡La oración parece agitar más al demonio!>, pensó mamá Sabañona, que había intentado todo remedio conocido y descono­cido sin resultado. 

 

Y mamá Sabañona advertía cada noche, junto con la oración, a su familia: 

- ¡No se olviden del orín de la mañana!

El orín caliente, si bien no hacía desaparecer el mal, lo aliviaba por un momento.

- ¡La oración ayuda! - repitió el cura en el sermón del domingo siguiente.

Los Sabañona cerraron santurronamente los ojos, pensando en el orín matinal, el único alivio, aunque momentáneo, que habían conocido hasta entonces.

 

Liliana Pualuan (Puerto Aysén) . Ha publicado cuentos y poesías  en: La hoja verde; El Ateneo; Cyber Humanitatis; Tierradentro.  Ha publicado  cuentos en antologías   nacionales y latinoamericanas. Ha publicado  los libros: La Huesca ; Sobre voces de islas; Andanzas de la enana Eumarginula  sobre el mar enterrado. El texto ??Doña Sabañona? pertenece al libro La Huesca.

 

 

JUAN CARLOS RAMÍREZ

 

MARCO POLO

Con la cabeza metida en un basurero y  éste calzado como un casco, no pude percatarme del escándalo. Al verla, ella gritaba un nombre que no era el mío y reía como loca, no tuve las palabras o la convicción para discutirle, el hambre dominaba mis voluntades y sólo pensaba en comer. Quise decirle que mi nombre era Marco, Marco Polo. Me habló atropelladamente de quién era yo y de cómo acabé en la calle, me llevó a su casa y me acomodó, dijo que parecía un perro apaleado, que de a poco me recuperaría y que con los días pondríamos mi cabeza en orden. Ella me despertaba ternura y en cierta forma me atraía; la pobre estaba loca, pero me hacía bien. Cuándo lo dije, fue más como una broma, por decir algo agradecido. ?? ¡Cásate conmigo!  Ella rió con fuerza, como loca, como la primera vez que la vi.  ?? Ya lo estamos, dijo.

 

Juan Carlos Ramirez Millacura (1970) es Ingeniero Geomensor y se desempeña como ingeniero proyectista para estudios viales. Tras un breve paso por el taller de narrativa de Diego Muñoz Valenzuela recaló en el taller de Roberto Rivera Vicencio donde a partir  de Agosto de 2004  hace sus primeras letras.

 

JORGE ROSSEL SÁNCHEZ

 

ESPIRACOL
Esa tarde de domingo, deambulando por la sala aburrida, le llamó la atención ese caracol de Tahíti, traído por su padre en uno de sus viajes. Ella nunca se había fijado en lo hermoso que era, entre tanta reliquia y adorno antiguo, sobre la mesa de arrimo al lado de la ventana.
Lo tomó y observándolo lentamente, acarició por fuera, su concha cónica, áspera y porosa, con pequeños parásitos secos adheridos todavía, desarrollada, por los años, al vaivén de las corrientes en las profundidades.
Como todos, girándolo, se lo puso al oído para escuchar el ronquido del viento y las olas del mar, que dicen se escucha a lo lejos.
Desde la superficie interior, brillante y cerosa, como labios jóvenes de entrepierna humedecidos, siente el susurro de un viento cálido, dobla su cabeza sobre el hombro izquierdo, mientras el hombro opuesto lo levanta con temblores y desde el último recodo del laberinto en espiral, el animal del fondo, aún vivo, la atrapó sin soltarla, succionándola, hasta llevarla adentro y envolverla con sus tentáculos que la recorren por el cuello, se introducen por su escote adhiriendo sus ventosas como si un lactante mamara hambriento en sus pechos. Ella se resiste, pero los fluidos lubricantes del animal, impiden que se defienda de aquellos tentáculos resbalosos que la envuelven. Nuevas prolongaciones del bicho van escalando en espiral sus piernas, que le tiemblan sin control. Por su espalda, desciende otra ramificación, con las ventosas besándole vértebra tras vértebra, hasta llegar al coxis y proseguir en redondo por abajo, juntándose con otros brazos del animal, que la penetran despacio.
Sus manos ya no luchan contra los tentáculos invasores, sino que los acarician, cada vez con más fuerza y sus gemidos de repulsión, del principio, son ahora exhalaciones de placer, interrumpidas por otro tentáculo, que deslizándose entre sus labios, ella muerde, mientras inclina su cabeza hacia atrás con sus ojos entreabiertos, brillosos, sollozando a intervalos.
Las ventosas paulatinamente se despegan extenuadas de las carnes de ella, ya relajadas y los tentáculos del animal se retiran lentamente. Ella sale despacio, poco a poco, desde el laberinto, hasta quedar recostada en la alfombra de la sala, junto al caracol.
El velador tiene un nuevo adorno, apenas cabe, al lado del teléfono y la lámpara.
Ahora, por las noches, ella se duerme acariciando con las yemas de sus dedos, el manto interior de la concha, desde donde sale, a veces, un susurro cálido.

JORGE ROSSEL Z. tiene 43 años. Estudió Arquitectura en la Universidad de Chile. Ha participado de los talleres de Gonzalo Contreras, Jaime Collyer y Pablo Azócar.
Espiracol obtuvo la segunda mención honrosa en el concurso de cuentos ?? Aniversario de los 50 años de la facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile?
 

 

 

NORMAN SANITER M.

 

SUE?OS DE GERENTE

Desde un quinto piso, rodeado de papeles se la lleva días, semanas, meses y años con el afán de ser gerente de su área y  ganar más y mandar. Pero cuando ya es gerente no va al cine ni al teatro, ni se toma vacaciones porque vive urgido por  el negocio y por  el comportamiento de su departamento, otro cajón en el que se encierra semanas, meses, años, para después jubilar y ser un viejo más, de esos que entregaron su vida al escritorio y al mismo quinto piso, para recién entonces ir, con el cansancio y el peso de tantos años a cobrar su pensión en una interminable fila, siendo un papel de cobranza, su giro de cheque, su documento que el cajero archiva para rodearse también él de papeles, soñando con ser gerente y mandar cajeros que pagan a los viejos de los que seguro él también será y que tan mal trata por mientras.

 

DORMÍAS

Te vi durmiendo y se me ocurrieron varias travesuras: Vestías velos. Mis manos escarbaban los colores entre tules. Sólo te abrazo y las caricias totales, la gotera de besos.

 Despiertas, las mejillas se esconden sonrojadas y tus labios se orientan al sol. Y rodé tantas veces por los peldaños de tu cuerpo, sin morir, sin saltar al vacío y aquí estoy amándote sin saber como tanto.

Dormí despierto y no despertaba jamás. Las luces tenues de esta vigilia no iluminaban nada, sólo me quedó el silencio. Las voces ventanal afuera, las calles siempre feas y el aire enrarecido de la ciudad.

Todas las flores que regamos se hicieron pocas. Cosas efímeras que pasan, ¿Cuánto dura el amor? Hoy volví a verte, mis ojos salieron a encontrarte, y luego mi alma, y luego mi cuerpo, ¿Dónde has estado? ¿Cómo has estado? ¿Tuviste lindos sueños? 

Hoy volví a verte en nuestra casa, y dije ??hola mi amor?, como si fuera sólo un saludo. Como si la rutina no reflejara cuánto te amo.

 

 

TRES  BOTELLAS

Corregí mi postura, pues me tambaleaba. Entré yo primero en la habitación oscura. Esta noche soy el inexperto que te hace pasar, pero que no toca.

Fría te sientas en la cama y desarrollamos los incidentes: Destaparíamos tres botellas antes del primer beso, antes de beberlas y de cantar a viva voz..

Tres botellas antes de verte cálida y tendida boca arriba, recorrida por mis manos temblorosas, hembra de Baco, musa de los borrachos. Eras una embajadora de las orgías del Olimpo, te olvidaste durante el éxtasis del misticismo, porque tres botellas antes del primer beso, porque te preocupabas ahora de la tierra, de lo salvaje de ti que ocultaste fría, cuando te sentabas en la cama.  

Ahora derramas desde el pecado la profecía de aquel dios, el que se tumba entre cojines rodeado de ardientes ninfas. El que sonríe débilmente, ebrio de placer.

Derramabas entre quejidos el balbuceo gutural de un mensaje sin tiempo, entrecortadas palabras, vibrantes voces.

Enterraste tus uñas en mi espalda, mordiste fuerte y gozosamente mi cuello, comenzaste a saborearme gruñendo. Mis estertores no te persuadieron, eras desnuda bañada con mi sangre, eras una leona devorando a su amante, después de destapar tres botellas.

 

Norman Saniter Montenegro es Prosista y Psicólogo. Académico USACH y Escuela Nacional de RRPP. Postitulado en Hipnoterapia Estratégica. Ha obtenido múltiples premios y distinciones en Chile. Ha publicado en diversas revistas nacionales y extranjeras. Ha creado y participado en obras de teatro y acciones de arte, tanto en la quinta región como en Santiago. Publica el libro ??Grito Salvaje? (1989). Ha participado en antologías literarias como la del Ateneo de Santiago, (1995). Publicaciones de ensayo en Caleta Sur, (2001-2002). Ha dirigido y participado en talleres literarios. Eleva su voz en esta escena literaria chilena que autoriza o no las voces. Esquirlas que no fragmentos, que estalla ante el lector su anécdota, dislocada sin fin, una pulsión de abismo que participa de variados ecos.

 

 

MARCELA UNDURRAGA

 

MUJER

La vio desnudarse frente al espejo. ?l se escondía quieto, muy quieto en la oscuridad del pasillo. Se mantenía inmóvil, los pies juntos y clavados al suelo, las manos en los bolsillos.

Como todas las noches, ella comenzó a untarse crema sobre el cuerpo. Primero los senos, luego los brazos, el estómago, las nalgas y por último las piernas.

La  luz tenue de la lámpara la hacía lucir más suave. Le dieron ganas de tocarla, abrazarla, besarla, pero aún no era el momento. Tenía que esperar y sorprenderla dormida.

Ella se puso el pequeño camisón de satín negro, se metió a la cama desparramando su cabello trigueño y ondulado encima de la almohada. ?l, todavía en la penumbra, extendió una mano invisible  para acariciar aquel cabello que lo seducía; lo peinó, lo enredó salvajemente, lo ató y lo desató.

Temeroso trataba de contener la respiración. Por fin, ella se durmió. ?l acercándose poco a poco, subió las sábanas y con sigilo se acostó a su lado. La olfateó silencioso y con gozo se saturó de su dulce olor mezclado de perfume y crema.

Ella volteándose hacia él suspiró sobre su cabeza, de esos suspiros profundos que deben dar las leonas sobre sus cachorros. Entonces, el niño colocó su mejilla sobre el tibio seno y aquellos monstruos y fantasmas que lo acechaban unos minutos atrás en su habitación, ahora se arrancaban por la ventana.

 

POR LA CARRETERA

Sobre el cemento caliente se deslizan los autos . Un golpe negro y metálico hace que todo se voltee. Muevo sin sentido el manubrio y mi cabeza rompe el parabrisas . Cae cada pedazo de cristal. Y veo el cielo ... ¿estás allí? Una energía me invade y me mantengo suspendida en este delicioso segundo. El auto se detiene. Baja por mi rostro la tibieza roja . La gente afuera grita y trata de abrir las puertas, pero yo sé algo que ellos no saben y es que ... ya no estoy aquí.

 

Marcela Undurraga nació en Santiago en 1968. Estudió  Comunicación Social con mención en Relaciones Públicas en INACAP. Ha colaborado para la Revista Textil y de la Confección y para Zona de Contacto de El Mercurio ( ??Nemesio ojos de acero?, ??Nicanor ¿qué vamos a hacer contigo??, ??Mozart en la calle?). Ha participado de los talleres de Alicia Miranda (Sech) y  en Ergo Sum de Pía Barros. Actualmente pertenece al taller Mapocho, dirigido por Roberto Rivera V.

 

 

CAROLINA PAZ VALENZUELA

 

IMAGINERÍA

Inventó un hombre, un nombre, para que se enamorara de él. Y ella entró en el inventado, se bañó con sus letras, lo llevó a su boca, el hombre y el nombre, lo soñó por partes, entero, de pie, tendido,  junto a su piel, su hambre, sus lágrimas. Y lo devoró despacio, como quien deshace un manjar en la boca, hasta que no quedó palabra, apenas una letra, la del autor, que ya imagina su desgracia.

 

VISIONES

Hoy me vi nuevamente. Iba con el mismo vestido verde, algo más desteñido. De mi mano derecha colgaba una bolsa; pan, seguramente. En la otra, un bulto aparentaba media docena de pasteles. Los niños irán a verme, ya estarán por llegar. Llevo los mismos aros, todavía no pierden el brillo. Iba como ahora, como en este mismo instante, con el paso firme y seguro, como si supiera a dónde voy. Nadie sabe que nunca lo he sabido, ni siquiera lo supe cuando me vi hoy.

 

UNA LARVA

Sé que algún día me encontrarán. Por más que me esconda en este agujero que ahora me cobija, se que más tarde o más temprano (tal vez en este momento ya me han encontrado), van a dar conmigo. Con la baba no he podido hacer nada. Comprimo mi cuerpo al máximo para no dejarla salir, pero se arranca de mi, me denuncia a cada instante. La siento venir desde mi estómago con fuerza, un escalofrío anuncia su llegada, o tal vez debería decir su partida, ya que a medida que me muevo, se aleja de mí, me abandona, dejando siempre un camino interminable, formando una línea con todos los espacios en donde estuve, con todos los espacios en donde fui, una huella, una marca imborrable. ¿Cómo podría entonces evitar que me encontrarán? Sólo cerrando los ojos, imaginando claro, imaginando que soy otra cosa. A veces, cuando me quedo muy quieto y creo que ya es el momento, que ya vienen, que no podré huir más, me doblo sobre mí mismo, me doy vuelta como un guante, dejando lo que siempre está escondido hacia fuera, para que tome sol, para que respire. Entonces, ya no soy un cuerpo blanduzco que se delata por su pegajosa baba, ya no soy un pequeño montón de células ordenadas en forma predecible, me vuelvo un ser complejo, lleno de números y letras, de códigos y siglas secretas. La línea interminable que he formado, desaparece, miro atrás y nada de mi escurre, nada de mi deja de ser mío. Pero el esfuerzo es enorme, me agota, y ahí entonces lo oigo todo. Escucho sus pasos, sus jadeantes respiraciones, cómo el aire sale por sus narices, frío y acelerado, como el vapor de una locomotora vieja a la que le han ordenado: ¡a toda máquina! Y siento,  claramente, cómo los latidos de sus corazones se atropellan unos con otros, y se arma un solo corazón, un corazón gigante, que me busca, que late  llenándose una y otra vez. Aurículas, ventrículos enormes, que me lanzarán en cualquier momento (ya lo deben estar  haciendo) sus escupos de sangre como fuego. No tendré tiempo de escapar, mi cuerpo está adormecido tanto tiempo en este escondite, seré presa fácil, lo sé, seré un tejido amorfo y blando, bañado en su propio baba, pegado siempre a una línea de interminables cicatrices.  Ahora los siento, y sólo me quedo quieto, muy quieto, esperando a que vengan por mí.

 

Carolina Paz Valenzuela nació en Santiago el año 1968. Es tecnólogo médico. Dos textos suyos ????Así nacen los sicópatas? y ??Letras al Sr. R??? fueron seleccionados y publicados en Puro Cuento (El Mercurio-Aguilar). Asiste al taller de Lilian Elphick.

 

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