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Microcuentos de Leandro Hidalgo

Por Leandro Hidalgo

Hombre light

Escribo desnudo en el balcón. Quiero sentir la experiencia de otra pelotudez. Nada me satisface por completo. Ni el sexo, ni los diarios digitales, ni la derecha política, ni los espiritismos ocasionales. Nada me fascina. Nada ahorca mi alma hasta morir. Por momentos trabajo, por momentos soy padre, por momentos escribo, pero siempre me expreso, nunca me callo la boca. Soy un hombre de momentos. Soy el hombre del momento.

Salida de emergencia

En un subte para ateos, reza un cartel: En caso de Dios, rompa el vidrio con el martillo.

Country

Esta noche

como tantas otras

habrá un niño durmiendo en el country.

Débora Benacot

Una señora decidió que sus problemas se solucionarían cuando se mudara a un country. Allí, con su esposo y sus hijos, juzgaba que serían más felices. Además de otras comodidades, como tener la cancha de tenis cerca, sus hijos se relacionarían con otros niños de status, lo que le producía un profundo orgullo.

La situación se agravó de un día al otro cuando un pobre se consiguió un helicóptero y comenzó a arrojar rateros en paracaídas, soslayando los alam-bres electrificados y los grandes murallones de altura. Después de algunos días, se decidió tapar los predios con un cielo artificial, luminoso de día y bri-llante de noche, digital. Les salió muy caro porque era importado. La señora, después de la instalación, sonrió feliz por vivir en ese cubo cálido, sin tiempo y sin memoria.

Qué lástima, señora, que jamás pueda apreciar el cielo.

Las agnósticas

Las jirafas hacen silencio allá en lo alto. Dios les creó esos cuellos extensos para vigilar los discursos agnósticos y materialistas de esas descreídas.

El asesinato de la realidad

Asesinaron la realidad. La pistola que dispara apariencia, frivolidad, face crash, nos tajeó la jeta, nos descuartizó siquiera el instinto de una vida sencilla, atada con un palito aunque más no fuera, a una contemplación verdadera. Se lo llevó todo.

Multiplicados por miles de ventanas estamos en la hiperrealidad, en la realidad virtual, donde sobrevivimos, donde somos, donde millones como nosotros también son lo que nosotros somos y viceversas y viceversas y viceversas hasta el infinito. Sin poder siquiera ver el cuerpo de esa muerte, el cadáver de esa realidad asesinada que se desintegró. Quedó la nada multiplicada que es como la tabla del cero. No hay silencio, encarcelada la honestidad, no hay textos, derrotados por el prefijo post no hay nada moderno.

La negación, abandonar, puede ser hoy algo lírico.

Los ahora

Soy de los que anteponen la delicadeza a cualquier otra consideración.

César Aira

Es tiempo de no callar, ir de frente con un santito pobre en la mano. Es la hora de ser algo más que una simple persona, que una persona simple. Es el tiempo de decir todo lo que creés que pensás, es el tiempo de atropellarse para comunicar, es el tiempo de tener el privilegio de parecer ser. Hay un divorcio con el silencio y hay un eterno presente. Hay una ocasión idiota para ganar y una existencia formal para perder. Es el tiempo de fecundar el óvulo a la macana, de decir acá estoy yo como si eso fuera algo, es el tiempo del público y el paladar, del héroe y el villano, de quién más y quién menos, es el tiempo de la constelación humana sin brillo ni altura ni noche, es el gajo que se abre a la inmovilidad del olvido, es el hábito del placer que causa el placer, es tu reino en el living con waifai, es el espadachín que sólo tiene filo virtual, es Hollywood ensoñándose por sus seguidores en Twitter.

Llegó la hora de arrancar, pero en la selfie siempre salgo triste.

Irresponsables

Somos irresponsables, culpables de lo que no está hecho, odiosos de la obligatoriedad del acto. No tomamos magnitud, ni percibimos ninguna deuda. La omisión y el desánimo no representan un castigo para nosotros. Dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy.

Cada vez que no vibró, lo soltamos; si se quería ir, lo dejamos; si se quería quedar, lo quedamos. Asumimos las consecuencias y a veces no sabemos ni cuáles son. Somos niños que guerrean las batallas inútiles que nos inventamos librar. Somos un jardín de infantes en Alcatraz. No verificamos, no somos exactos, no lo entendemos, no disponemos de pruebas para nada de lo que decimos.

Somos irresponsables, infractores de lo que no hemos escrito por nuestra cuenta, pero inocentes de lo que hacen los responsables en nuestro nombre.

*Los textos pertenecen a los libros: Instantáneas -100 fotos- (2004), Capacho (2010), Grado (2014), Irresponsables (2016).

Leandro Hidalgo según Casciari: Nací en Argentina en 1981. Bla bla bla. Lo que sigue es relativo o pedante. Las biografías dicen qué libros escribimos y qué premios ganamos, pero nunca explican a quiénes hicimos daño o qué piensan de nosotros los que nos deprecian.

 www.capachobonsai.blogspot.com

 

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