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El caso Capablanca, de Julián Avaria- Eyzaguirre

Por Aníbal Ricci

Novela con numerosas muertes, detectives tras las pistas y víctimas que en su mayoría provienen de los bajos fondos. Ingredientes esenciales de un relato policial que irá desplegando el pensamiento deductivo de un aspirante a detective, sin nombre, cuya identidad posiblemente será revelada en la próxima entrega del autor. El lenguaje fluido, con diálogos precisos y eficaces, da cuenta del Santiago en los márgenes del capitalismo. La novela utiliza la jerga del ajedrez para describir a los jugadores: el narrador encarnará al policía jugando con las piezas blancas y el asesino moverá las negras. El narrador va alternando la primera y tercera persona para mostrarnos cada uno de los avances de la investigación. La estructura de la narración se construye a partir de las reglas del ajedrez y el lector será testigo de las tácticas seguidas por la policía y por su contrincante homicida. Estrategia narrativa interesante para ocultar la verdad de los hechos, pero dicha estrategia es emplazada principalmente para llamar la atención de la policía de investigaciones y al mismo tiempo disfrazar cada indicio con elementos contradictorios. Según palabras escritas con sangre al interior del baño de la federación de ajedrez, los homicidios responden a la venganza de Alekhine (ajedrecista ruso nacionalizado francés) campeón mundial famoso por su juego agresivo y que murió atragantado por un pedazo de carne. El aspirante a detective bautizó el caso como Capablanca en alusión al rival al que Alekhine le arrebató el título y al que jamás le ofreció revancha. Esta anécdota es interesantísima debido a que Capablanca era de nacionalidad cubana (representante del comunismo) y toda la segunda parte de la novela da cuenta de personajes del pueblo, algunos incluso con familiares pertenecientes al partido comunista, en definitiva, personas que tuvieron relación con persecuciones, torturas, asesinatos y exilios durante la dictadura militar. Lo anterior convierte a Pinochet en otro jugador detrás de esta partida (novela) mostrando tras su accionar una cruel estrategia de exterminio. Su accionar fue la respuesta al gobierno de Salvador Allende, el precursor (piezas blancas) de la reforma agraria. La unidad popular desplegó cambios revolucionarios, pero el dictador reaccionó con recursos oscuros (piezas negras) para aniquilar al oponente. En la segunda parte, el narrador cede lugar a la voz del victimario, aquel que pretende una limpieza de clases al interior de la federación de ajedrez, en resumen, una representación del país. El asesino es el doctor José Carmona, no es casual que sea un médico. Es un tipo astuto, se hace pasar por Alekhine para ocultar su profundo desprecio por los borrachos. Su estrategia (opuesta a la del ruso converso) es más bien cautelosa y, aun cuando quiere ser reconocido como campeón, va plantando pistas falsas que pretenden confundir a los detectives. El homicida daña mentalmente y físicamente a la chusma, se erige como un adalid de la moral, un torturador que representa la peor faceta de la dictadura de Pinochet. Viste con corrección al igual que Capablanca, pero no comulga con los intereses del pueblo, he ahí su perfecto camuflaje. Cada víctima exhibe juegos diferentes (agresivos o defensivos) pero al asesino le dan lo mismo esas virtudes, su función es aplacar los pecados (gula, mendicidad, chantaje, homosexualidad). Estas víctimas juegan el papel de las distintas piezas del tablero, pero el doctor José Carmona sólo desea acabar con esa pluralidad de caracteres, quiere un mundo ordenado y homogéneo, un evidente paralelo al mundo higiénico que se incubó durante la dictadura. La novela es entretenida y da visibilidad a las actividades subterráneas de algunos barrios del centro de Santiago, pero el tablero que despliega el autor no sólo se ocupa de lo sórdido, sino que lo contrapone a la vida acomodada en el barrio alto de la ciudad. Propone una lucha a muerte entre las piezas que aisló el neoliberalismo (separados por la cota mil) donde cada parte jugará su rol en esta partida que recién comienza.

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Equipo editorial

Diego Muñoz V.
Alejandra Basualto
Lilian Elphick
Miguel de Loyola
Gonzalo Robles

Colaboradores:

Edmundo Moure
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Ramiro Rivas R.
Gabriel Canihuante
Sonia Cienfuegos

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