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Cautiverio, de Camila Mardones Vergara

Una incursión expresionista en la joven poesía del sur de Chile

 Por Clemente Riedemann

 

La presente reseña sitúa la naciente poesía de la autora Camila Mardones Vergara en el contexto de la poesía escrita por mujeres en el sur de Chile y sugiere relacionarla con la corriente estética del expresionismo, específicamente en el ámbito del grupo de artistas Der blaueReiter, en lo que consistiría la novedad de su aportación en el mencionado contexto.

____

 

El incremento sustantivo de la poesía escrita por mujeres es una de las importantes novedades acontecidas en la literatura chilena de las últimas décadas[1], proceso que bien puede inscribirse en el contexto de participación expansiva de la mujer en todos los ámbitos de las actividades ciudadanas. Tal como ocurre en otras dimensiones de la realidad[2], esta escritura ha traído nuevas visiones,  modales, temáticas y expresiones que implican un nuevo aporte a la diversificación de nuestro actual panorama literario.

 

En el ámbito particular del sur de Chile, la poesía escrita por mujeres se caracteriza por el predominio de los contenidos por sobre la forma y la promoción de la identidad genérica en el marco de una diversidad estilística y temática. Su ejercicio histórico ha estado nutrido, entre otras valiosas autoras, por Delia Domínguez; Antonieta Rodríguez París; Ximena Burgos; Marlene Bohle; Maha Vial; Rosabetty Muñoz; Graciela Huinao; Sonia Caicheo;Varsovia Viveros; Elsa Pérez; Antonia Torres; y Roxana Miranda Rupailaf. La relación entre tradición campesina y modernidad urbana, la atención por la literatura infantil, la interpretación mítica y mística de la naturaleza, el hibridismo resultante tras las oleadas inmigratorias europeas, la discusión de la sexualidad femenina enfrentada al machismo, la percepción existencial en la insularidad, la femineidad mapuche, la convención religiosa, política y sentimental, la transitividad de la vida posmoderna y el sincretismo religioso en la perspectiva de lo femenino.[3]

 

Considerado el contexto antecedente, Camila Mardones Vergara[4] viene a privilegiar la estructura del discurso y del enunciado rítmico del lenguaje –por obra de la reiteración sistemática-  como un aporte personal inscrito en su poesía primera:

 

“Tu canto escondido en mi canto no es más que una herida queriendo ser lengua” (Pág. 7) .

 

textura donde la forma verbal se diversifica, y donde la reiteración –una manera de acentuar el ritmo- se expande en distintas direcciones y tonalidades silábicas.

 

La estructura visual del texto en la poesía de Camila Mardones se desplaza en parágrafos regulares conectados o alternados con versos escalonados, que lo mismo diluyen la energía precedente y prefiguran un nuevo giro del discurso:

 

“Se hundió y fue devorado por palomas azules.(Pág. 30))

---

“Andas por ahí, tranquilo

con la sonrisa llena de rosas azules…” (Pág. 31)

 

así, la concatenación y el encabalgamiento logran sostener el flujo verbal en una musicalidad cercana al ritmo respiratorio, que otorga su atmósfera unitaria al conjunto[5], a veces con el dramatismo de quien se sincera ante un otro u otra:

 

“…ni cuando me dijiste que eras cachorro

y temías el abandono

ni cuando me dijiste que eras cachorro

y temías el abandono de tu madre

ni cuando me dijiste que temías

el abandono…” (Pág. 43)

 

 

a vecescomo si le hablara a la humanidad:

 

“…nacida en cautiverio me declaro

hombre de buenas costumbres 

perra santo       tierna mendigo del caos

            caminar sola en cautiverio

sólo me hace amar

aún más

las atalayas” (Pág. 8)

 

 

a veces como si se hablara a si misma o hablara en pie al borde de un abismo:

 

“Exijo sacarme del alma misma el olvido al sueño

El sueño al olvido de todos mis hombres muertos” (Pág. 45)

 

o

“Ahora, que me paro en esta orilla de la vida

donde las palomas nacen donde nacen las espinas…” (Pág. 23)

 

 

O acaso al vacío, como si el propio lenguaje autotestificara de su existencia:

 

“…háblame fuerte para que pueda verte

el origen es siempre el vacío

háblame fuerte para que pueda verte.

De pronto sucede    ¿qué sucede?

desde el vacío

lo esperado       el nacimiento

desde el vacío.” (Pág. 25)

 

o

“…pajarillo, ay

pajarillo qué complejo

complejo creer en la facilidad del nosotros

la facilidad del tú y yo y nuestros mundos completos

esos mundos completos

esos mundos invisibles y eternos

que se esconden en el barro de lo perverso

esos mundos completos

que se esconden bajo tus labios

labios que nombran y besan

a mujeres de otras lenguas

y de otras leguas.” (Pág. 38-39)

 

 

Tal es la divergencia metafórica de esta escritura. Se trata de un decir distanciado, en el sentido que la emocionalidad empuja el discurso pero sin conducirlo, el que es liderado por una conceptualización neutra que se presenta bajo la apariencia de coloquialidad. Esto es, conciencia del lenguaje como mecanismo expresivo; esto es, conciencia del plano descriptivo del texto como literatura y no como mera efusión sentimental, del modo en que la autora lo acota en:

 

“…me niego -perdón- nos negamos

a ser el ratón de biblioteca

que lee poesía pero no sabe nada de poesía

porque no sabe correr el riesgo de cruzar la calle

el que no mira a su gente

el que no mira a su padre

me niego -perdón-

nos negamos

a convertirnos en lodo

donde sólo duerman gusanos

que no se atreven a abrir las alas” (Pág. 52)

 

 

Con frecuencia, inmersos en la solidez de sus bloques textuales, Camila Mardones hace germinar y florecer versos individuales que parecen flotar sobre el andamiaje de los párrafos:

 

“…mientras buscamos bajo las heridas

que nos ha dejado el amor

el amor sin ti

que desde luego no es amor

el amor sin ti” (Pág. 49)

 

o la bella imagen que se yergue en:

 

“…Y veo a un niño en mi camino

durmiendo bajo un cerezo.

Un niño que llora la muerte de los días.” (Pág. 63)

 

 

En ocasiones el lenguaje, abandonando su estado predominante, orillea las tesituras del pop y el texto pareciera entonces hacer mella en el trance cotidiano, en el plano más contingente de la realidad:

 

 

“…entre tanto mirar los postes con las luces chicharreando

entre tanto vagar por calles donde la gente no se mira

entre tanto trabajo

la oficina        el papeleo el juntar las lucas

el caminarme la plata de la micro

entre tantas sonrisas de amigos que me faltan

de tantas tardes con mis padres que nunca viví

y ahora ya no están

entre tantos sobajeos de espalda y palmetazos

ser el empleado del mes

el hijo del mes

el trabajador del mes

el mejor compañero

el mejor vecino

el mejor escritor

el mejor estudiante

el tonto eficiente

y que no sirva de un carajo.” (Pág. 51)

 

 

La poesía primera de Camila Mardones trae consigo la llama vigorosa del expresionismo[6], donde la fluidez rítmica –su intensa musicalidad- tiene un contrapunto en la crudeza de las imágenes y el eclecticismo de su disposición existencial. La atmósfera dramática de este discurso se explaya sin histrionismo y sin eludir sus precariedades, sino con temprana conciencia de las posibilidades y limitaciones de la expresión lírica en la exploración de las zonas ocultas de la realidad:

 

   “… Temo al fuego y a sus llamas vigorosas

que se mezclan entre la neblina y el remordimiento

el remordimiento de otros tiempos

cuando no estabas aquí

y vivir parecía un pecado

una mentira

algo parecido a la vergüenza. “ (Pág. 58)

 

 

 

 

Clemente Riedemann

Puerto Montt, julio de 2015.



[1] La otra novedad es la irrupción de la poesía escrita por autores y autoras de origen mapuche.

[2] Otros ámbitos de participación y protagonismo relevantes de las mujeres en las últimas décadas han sido la educación, la política, el deporte, la jurisprudencia y el liderazgo en la administración del hogar.

[3]Estas categorizaciones revisten sólo carácter instrumental, restringidas a las preferencias temáticas de cada autora,  pertinentes aquí para advertir el aporte diferencial de Mardones Vergara en el contexto de la escritura poética de mujeres en el ámbito cultural del sur de Chile. Para información específica sobre la obra de la mayoría de las autoras citadas, puede consultarse los siguientes trabajos: Suralidad, antropología poética del sur de Chile (Riedemann, C. y Arellano, C. Ediciones El Kultrún y Suralidad ediciones, 2012); Visualiz-Arte, Mujeres artistas de la región de los Lagos (Arellano, C. Suralidad ediciones, 2008); Poétiques de l'abandon, mémoires de la Suralité (Arellano, C. Ed. París VIII, Saint Denis, 2015)

[4]Mardones Vergara es profesional docente en historia y geografía.

[5]A diferencia de sus predecesoras, en Mardones Vergara la unidad se configura en el modo de decir las cosas, que se sostiene de principio a fin, y no en la pertinencia temática. Una música de intensidad sostenida que aborda distintos planos de la realidad, interiores y exteriores, con la misma persistencia.

[6]Situamos a esta poesía en la corriente expresionista al considerarla como una “alegoría moderna de la existencia del ser humano con sus entrelazados emocionales y sus traumas colectivos e individuales.”Por “la forma violenta, ruda y despreocupada en que representa la realidad.” Por “emplear un vocabulario estético muy simplificado, con pocas formas que han sido reducidas a lo esencial, cuerpos deformados y espacios disueltos sin perspectiva.” Esto concede a los textos“un carácter vigoroso, concentrados en la intensidad del efecto”. A los artistas de El Jinete Azul(Der blaue Reiter) “les importaba más el cómo de la representación que el qué.” Incluso en aquellos cuadros en los que todavía se podían apreciar vagas reminiscencias de las cosas mundanas, “el efecto no parte del objeto, sino de la composición. Lo más importante eran las formas y los colores. Los artistas concedían a sus cuadros ritmo y melodía mediante los tensos contrastes entre las líneas fuertes y suaves, formas abiertas y cerradas y colores metálicos y aterciopelados.” Citas sobre Expresionismo, extraídas de diversas fuentes en Internet, 15 de julio 2015.

 

 

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